

80.000 firmas. Esa es la cifra que consiguió la campaña más exitosa de recogida de firmas en la historia reciente de Burgos. Desde 2020, los burgaleses dejaron claro que no querían modificar las puertas de la Catedral, y hoy, con la obra de Antonio López a punto de poder verse en vivo en la capital burgalesa, siento que sigo siendo de los pocos que se posiciona a favor del cambio.
Es cierto que muchos apoyan la obra por razones más pragmáticas. Y es que después de los 1,2 millones de euros invertidos, ¿cómo vas a posicionarte en contra? El Cabildo Metropolitano, principal impulsor de la obra, lógicamente se encuentra entre sus defensores más firmes. También políticos, medios y personalidades con vinculación directa e intereses comunes, a lo que no les queda más que apechugar y tratar de convencer a la opinión pública de que las puertas cuentan con apoyo masivo.
Pero yo, sin intereses económicos ni políticos de por medio, sé que estoy solo en este lado de la orilla y, aún así, pienso que estas puertas son un acierto. La Catedral de Burgos ha sufrido modificaciones considerables a lo largo de sus más de 800 años de historia. Desde restauraciones hasta añadidos decorativos, el edificio ha evolucionado sin perder su esencia. ¿Por qué no se puede dar una aire nuevo a sus puertas?
En realidad, buena parte de lo que hoy consideramos ‘original’ en las grandes catedrales góticas no lo es. La gran mayoría de ellas han pasado por restauraciones profundas, añadidos y reinterpretaciones que hoy vemos con absoluta normalidad.
Además, una ciudad, y sus monumentos, deben estar vivos. La arquitectura no puede ser una foto congelada del pasado; debe adaptarse a los tiempos. Valorar el carácter histórico de un edificio no implica convertirlo en un museo inmutable. Una Catedral viva tiene derecho a modernizarse, a avanzar, a dialogar con el presente, incluso si eso provoca incomodidad o debate.
Y, seamos honestos, la Catedral de Burgos cada vez es más atracción turística que templo religioso. Antonio López, con su obra, ofrece justamente eso. Una mirada contemporánea que la proyecta hacía el futuro y suma al interés cultural y artístico de la Seo burgalesa. Hay que tener en cuenta que estamos ante una de las obras más relevantes de uno de los artistas españoles vivos más importantes de nuestro tiempo.
Por otra parte, las puertas actuales, aunque forman parte de nuestra memoria visual, no son un elemento clave del valor artístico de la Catedral. No se me entienda mal, no les quiero quitar valor, pero no son la esencia de la Catedral de Burgos. Eso sí, son nuestras. Son costumbre. Son hogar. Lo entiendo perfectamente. Pasa lo mismo cuando cambias de sofá, sientes que tu salón ya no es tu salón, que tu casa es otro; pero a la semana te das cuenta que es más cómodo, más bonito y más moderno.
Sí, cambiar las puertas genera polémica. Sí, puede no gustarte el estilo artístico de López. Y sí, entiendo a todos los que se oponen al cambio. Pero una ciudad que teme evolucionar corre el riesgo de convertirse en un museo de sí misma. La Catedral de Burgos merece estar viva. Merece dialogar con su presente y su futuro, desafiar y conmover a partes iguales. Y estas puertas lo hacen.
Por el momento, estad tranquilos, aún no hay nada decidido. La Catedral de Burgos es Patrimonio de la Humanidad y, por tanto, será la UNESCO la que tenga la última palabra. Si ellos se oponen, las puertas tendrán que buscarse otro hogar. Yo voto a favor del cambio, pero para gustos, puertas.
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