

Hoy ha tenido lugar en la Plaza Mayor y bajo un sol que no daba tregua, el ya tradicional pregón infantil para los más pequeños. No sin antes atender algún golpe de calor provocado por los más de 43 grados al sol que marcaba el termómetro, el pregón ha comenzado.
Miguel Santamaría, presidente de la Federación de Fajas, Blusas y Corpiños, ha sido el encargado de colocar el pañuelo de fiestas a la pregonera, Estela Mariscal; y la alcaldesa Cristina Ayala ha hecho lo propio con la tradicional blusa.
Estela Mariscal, de 12 años y perteneciente a la peña Chamarileros, ha sido la agraciada para pronunciar el pregón. Ha conquistado al público con su carisma y algún «¿qué tengo que decir?» que otro, y ha leído ‘La niña del pañuelo rojo’, el cuento con el que ganó el concurso que le ha valido el puesto de pregonera. Narra la historia de una niña durante de las fiestas de San Pedro y San Pablo y sus vivencias en la Ofrenda, Cabalgata y en este mismo pregón.
La corte infantil y la Peña Chamarileros mostraban su apoyo y cariño a Estela que, con gran soltura, ha terminado el relato aparentemente orgullosa del trabajo hecho.

Tras la lectura ha llegado el momento que más esperaban los más pequeños, cobijados hasta ese momento en las pocas sombras que ofrecían los árboles y soportales de la Plaza Mayor. Unos 5.000 globos han sido colocados en el suelo (alguno no ha llegado a buen puerto y el sol mismo lo ha explotado antes de tiempo), para que los más pequeños, armados con un palillo, los hicieran estallar a tutiplén. Una explosión de color y olor a plástico a partes iguales.
El momento ha sido algo agónico puesto que, lo que en un principio parecía bien organizado, ha acabado siendo un empuje de personas hacia el centro en busca de los dichosos globos. Al estilo de un pogo en un concierto de punk, niños y mayores han arroyado a los presentes en la caza de los globos, que se arremolinaban hacia arriba buscando una salida.

Todo hay que decirlo, y es que después ha tenido que acudir el equipo de limpieza para recoger todos los residuos resultantes de la mascletá de globos de colores.
Además, durante toda la actividad, han sonado por los altavoces de la Plaza Mayor canciones «clásicas», en el mal sentido de la palabra. Empezando por «las niñas bonitas no pagan dinero» y culminando con «me quiero casar con una señorita que sepa coser, que sepa bordar». En una sociedad donde, afortunadamente, cada vez vigilamos más lo que consumen los menores en redes sociales, en televisión, en videojuegos… parece que no podemos confiar en nuestro propio Ayuntamiento.
Quizás la Hermandad de Peñas y el Ayuntamiento de Burgos debería revisar lo acontecido hoy, con el fin de mejorar la seguridad, la limpieza y lo que inculcamos a los más pequeños, que son al fin y al cabo el futuro de nuestra ciudad que tanto amamos.



