

Fetén Fetén son los hermanos mayores, “muy poco mayores”, decía David Ruiz, cantante de La M.O.D.A., de la actual generación musical de Burgos. “Gracias por todo lo que nos habéis enseñado queriendo y sin querer”, les agradecía el cantante burgalés durante su concierto del sábado.
Aunque les pese, e incluso les sonroje, Fetén Fetén no son un grupo más. Jorge Arribas, desde Aranda de Duero, y Diego Galaz, desde Gamonal, y ambos desde las raíces, con el folclore como bandera, han marcado el camino, junto a Víctor Rutty, Rober del Pyro y DJ Kaef, de una generación de músicos burgaleses que apuesta por quedarse en lugar de irse. Incluso por volver. Nombres como El Nido o La M.O.D.A. ya han demostrado que es posible andar camino desde Burgos. O los que vienen por detrás. No obstante, hoy era el turno de ellos, de Jorge y Diego.
Arribas y Galaz salieron a tocar en las fiestas de su ciudad en un concierto muy especial en el que tenían preparadas muchas sorpresas. Comenzaban con Fuente, uno de los temas que estará en su próximo disco, compuesto especialmente para abrir su concierto en el Circo Price. Tras esto presentaban a sus músicos habituales, Xosé Lois Romero y Pedro Pascual, con quienes interpretaron Vente que hacemos merienda cena, el tema que abría su primer disco allá por 2011. Era el arranque de una fiesta en la que todos estaban invitados, porque la música no entiende de ideologías ni de edades.

También hubo momentos más emotivos, como el reconocible sonido del serrucho en el Vals para Amelia, que Galaz dedicó a todas las abuelas y madres, y en especial a la suya, que aunque sufre Alzheimer y ya recuerda pocas cosas, “siempre la canta conmigo”, decía con ternura. Y por supuesto, hubo espacio para el baile, con la Jota del Wasabi, que acabo de animar a todos los asistentes.
Justo después llegó el primer invitado de la noche: La Maravillosa Orquesta del Alcohol. Venían de hacer historia el sábado anterior con el concierto más multitudinario que se recuerda en Burgos. Recibidos con una gran ovación, subían al escenario para interpretar La Molinera, una canción del Nuevo Cancionero Burgalés, con el que rindieron homenaje a sus raíces y al folclore de Burgos. Al acabar, Galaz y Arribas se arrodillaban, ovacionando a David, Álvar, Jorge, Caleb y José, instantes antes de que la lluvia se convirtiera, irremediablemente, en la gran protagonista de la tarde.

Al igual que el día anterior, la tormenta obligó a paralizar el concierto por motivos de seguridad. “Volvemos en cinco minutos. No os vayáis… o si os vais, decid que ha sido increíble”, bromeaba Galaz al abandonar el escenario. Los que tuvieron suerte se guarecieron en el bar del Andén; el resto, entre árboles o en las paradas de bus del Bulevar. El público se arremolinaba en el recinto con la esperanza de que el agua cesara, aferrado a la idea de que la música, una vez más, volvería a sonar.
Finalmente, lo hizo, pero no fue ni en cinco minutos ni en el escenario Excéntrico. El concierto se trasladó dentro del Andén 56, en un trabajo contrarreloj por parte del equipo técnico de la sala, que hizo que pudiera continuar el concierto a pesar de la lluvia.
Arribas y Galaz se echaron al público, ese que siempre les ha arropado, para cantar junto a ellos. «Clavelitos, clavelitos, clavelitos de mi corazón», corearon juntos. Una conexión con el público mágica que más tarde se trasladaría al escenario acompañados de varios amigos como Víctor Rutty, Miguel Azofra o Alfonso Díez, entre otros. Aunque no por mucho tiempo.
Tras anunciarse la última canción, la Policía Local irrumpió en la sala burgalesa para parar la música e interponer una denuncia a la sala si no se desalojaba el espacio. «Que soy Diego Galaz, he tocado con Chenoa», bromeaba el de Gamonal instantes antes de tener que detener el concierto.
En dos minutos, el público había desalojado prácticamente la totalidad de la sala. Pudo parecer que no fue el día, que la música había perdido, pero fue todo lo contrario. Una vez más, Fetén Fetén volvió a unir generaciones, a hijos, padres y abuelos, entorno a la música popular y volvió a convertir a Burgos en ese oasis de la música cercana y de todos.

Diego y Jorge salían por la puerta como uno más. Sin darse importancia. Como llevan haciendo todos estos años. En el exterior, se congregaba buena parte de la escena musical burgalesa. Una escena humilde que jamás olvida de donde viene. Y es que ayer se cantó, se río y se bailó, y qué más se puede pedir a la vida.


