

La Quinta volvió a acoger este viernes la jira campestre del Curpillos, en una jornada celebración multitudinaria que sirvió de preámbulo a las fiestas de San Pedro y San Pablo 2025. Las peñas fueron, una vez más, las grandes protagonistas de una celebración que reunió a más de 40.000 personas y en la que se corrigieron algunos de los fallos del año pasado.
La pasarela provisional solucionó los problemas de acceso
El mayor problema del Curpillos anterior fue el acceso norte, entre el estadio municipal El Plantío y el Coliseum Burgos. La pasarela permanente no fue capaz de absorber el flujo de asistentes que querían entrar por este punto.
Este año, la instalación de una pasarela provisional permitió habilitar dos flujos diferenciados: uno de entrada y otro de salida, a lo que se sumó un mayor ancho de paso. Lo que solución el problema y dio como resultado una circulación mucho más fluida a la hora de cruzar el Arlanzón.

La vigilancia se reforzó especialmente para evitar el consumo de alcohol entre menores, aunque sigue siendo un objetivo complicado. El Curpillos es, en su esencia, una fiesta dividida entre las peñas y el botellón. Jóvenes y adolescentes reproducen las conductas de adultos y peñistas en una celebración donde el consumo de alcohol está profundamente arraigado.
Pese a la gran cantidad de cubos de basura y papeleras instaladas por todo el parque, la suciedad volvió a reinar en La Quinta. Muchos asistentes optaron por dejar vasos, platos y residuos directamente en el suelo, incluso estando a escasos centímetros de las papeleras. Eso sí, desde la organización se siguen probando nuevas fórmulas para mejorar la limpieza, como los ceniceros interactivos que, a través del humor, buscaron que no se arrojasen colillas al suelo.

Las peñas volvieron a ser la grandes protagonistas
Las peñas volvieron a ser las grandes impulsoras de la fiesta en el Curpillos, ofreciendo su habitual propuesta gastronómica. Desde los clásicos pinchos de morro, chorizo, morcilla y tortilla, hasta opciones más elaboradas como paella, pincho morunos, morro de Wagyu rebozado o salmorejo. Incluso se ofrecieron espacios sin gluten para las personas celíacas. Unas peñas que se encargaron de animar una celebración marcada por el calor.

Las altas temperaturas, que rozaron los 33 grados, hicieron que los espacios de sombra se convirtieran en auténticos tesoros. Por suerte, había suficientes árboles para protegerse del sol. A mitad de la tarde, un leve amago de lluvia refrescó el ambiente y permitió un final de fiesta más agradable.
Como si de un gran festival se tratase, miles de jóvenes se reunieron frente al escenario del Parral Fest, que este año se trasladaba también a La Quinta, aunque mantenía el nombre popular. Por el pasaron DJs ya conocidos como Crisrax o David Zelmar, que fue el encargado de cerrar la jornada por todo lo alto, con una sesión en la que no pudo faltar el canto colectivo del Himno a Burgos.

¿La Quinta o el Parral? Los burgaleses decidirán
La ubicación temporal del Curpillos podría convertirse en permanente. Las obras de remodelación del Parral obligaron al Ayuntamiento de Burgos y a la Hermandad de Peñas a trasladar la jira campestre a La Quinta, y ahora será una consulta ciudadana la que decida si el cambio se consolida.
El debate está servido. Para muchos, celebrar el Curpillos fuera del entorno del Monasterio de las Huelgas hace que la fiesta pierda su esencia y su vinculación con los actos oficiales. Para otros, el nuevo emplazamiento ofrece ventajas claras: mayor espacio, más sombras, mejor conexión con barrios como Gamonal, Villímar o G3, aunque también perjudica a quienes viven más cerca del Parral.
Por ahora, ambas posturas tienen argumentos sólidos y la decisión final dependerá de lo que opinen los burgaleses. Una consulta popular propuesta por la alcaldesa, pero para la que aún no se conocen los detalles ni las fechas en las que se podrá votar. Por el momento, todo apunta a que será una votación ajustada.



